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Tendencias en la hostelería 1

Cuando se habla de tendencias, en cualquier sector económico, enseguida saltan a la palestra algunos de los conceptos imprescindibles en el mundo actual: la sostenibilidad, tanto medioambiental como social o económica; la digitalización, como herramienta de ayuda para la automatización, con la inteligencia artificial escalando posiciones; y el bienestar, como promesa de salud y longevidad. 

Pero en este caso, de entre todas las tendencias que vemos circulando por nuestro entorno y asumiendo que algunas de ellas, como las mencionadas, constituyen un lugar común, nos gustaría seleccionar para este 2026 las tres tendencias con las que nos identificamos y que todavía no son tan comentadas.

Estas tres tendencias son:

-Simplificación e hibridación

-Creación de comunidad

-Ritualización

SIMPLIFICACIÓN E HIBRIDACIÓN

Bajo este título englobamos dos tendencias que incluso pueden aparentar ser contradictorias, pero que poseen un gran interés cuando se manifiestan juntas, en una tensión inestable deseosa de mantener un equilibrio. 

Por una parte, observamos el auge de los formatos simplificados, fáciles de entender, con una operativa estudiada y eficaz. Podemos estar hablando de un negocio en el que sólo se ofrezca tortilla de patatas, en un máximo de tres modalidades, o dos tipos de hamburguesas de carne, o cinco variedades de café de especialidad con dos tipos de dulces, etc. O pasando al ámbito hotelero, un alojamiento que ofrezca un espacio pensado únicamente para ir a dormir o un alojamiento enfocado a una experiencia predefinida, como estancias de varios días en modalidad de retiro, con actividades de yoga y una alimentación saludable. 

Cuando estos formatos están bien definidos, la clientela capta fácilmente lo que se está ofreciendo, sabe qué esperar e identifica más claramente los momentos en los que le puede interesar o apetecer recurrir a ese producto o servicio.

Además, para la empresa, simplificar permite optimizar los procesos y los suministros, entender mejor dónde está el valor añadido, facilitando la comunicación, y en general, mejorar su producto y servicio, consiguiendo mayor satisfacción para una clientela con la que se hace el ejercicio constante de reducir la distancia entre las expectativas y los resultados. 

Por otra parte, la hibridación toma impulso y gana terreno, generando formatos de enorme interés. Estamos hablando de hibridación cuando un restaurante cuenta con un espacio físico o digital dedicado a comercializar algunos de sus productos, por ejemplo vinos, de tal manera que se mezclan restauración y comercio. O cuando un hotel organiza una sesión festiva con puestos de venta de productos de artesanía y actividades lúdicas, hibridándose hostelería, comercio y ocio. O incluso cuando un comercio introduce en sus instalaciones una cafetería y hace convivir el comercio con la hostelería. 

Las posibilidades de hibridación son infinitas y se relacionan con dos fenómenos que no podemos dejar de mencionar. Las personas desean cada vez más vivir experiencias inmersivas, que se separan de la idea estricta de comprar o consumir, al mismo tiempo que valoran el sentido de pertenencia que proporciona disfrutar de su tiempo en este tipo de contextos.

Desde esta perspectiva, resulta muy interesante analizar sectores diferentes entre sí para crear hibridaciones. Y no sólo en la hostelería y el comercio, una de las duplas en voga, sino atreviéndose a componer los cócteles más diversos, sin límites ni reglas.

Pero, como se compagina la simplificación con la hibridación? Parecería que una tendencia implica reducir y la otra ampliar, como si fuesen incompatibles. Creemos que la respuesta está en la “paquetización”, un concepto con el que queremos aludir a los “packs”, de los que tanto se habla en la lengua inglesa. 

La clave reside, por lo tanto, en crear paquetes de productos simplificados que se hibriden entre sí. Pongamos un ejemplo. Si la idea es hibridar restauración, comercio, el mundo del arte y el ocio, podemos crear un paquete o pack de tres platos inspirados en obras de arte para comer en el restaurante, otro paquete para comercializar compuesto por dos vinos con etiquetas personalizadas por artistas, y otro paquete que incluya la experiencia de acudir al restaurante a pintar un cuadro mientras se degusta un pequeño menú. Cada uno de estos paquetes debe estar simplificado y optimizado, debe resultar fácilmente entendible, y a través de la suma de varios de ellos se contribuye a la creación de una oferta híbrida con la que acompañar a la clientela en más y mejores momentos de su vida.